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«La vida me ha cambiado poco», asegura Paloma Sánchez-Garnica tras escuchar su nombre en boca de Carmen Posadas el pasado 15 de octubre. Fue esa noche cuando la autora se alzó con el Premio Planeta 2024 con 'Victoria', tres años después de hacer lo mismo con el Finalista de este galardón.
Desde entonces, el revuelo ha estado bien presente en su entorno, pero la escritora tiene claro que «tener el Premio Planeta en mis manos supone un reconocimiento a mucho trabajo», junto a la «oportunidad» de abrirse a más lectores.
Este galardón, dotado con un millón de euros, también ha repercutido directamente en su amplia carrera -la cual queda demostrada en las librerías- y «en la sensación que tengo a la hora de moverme con más firmeza y seguridad por este mundo tan complejo como es la literatura».
En su caso, y desde la humildad, mantiene que «mi vida sigue siendo la misma», tanto en su faceta personal como en la profesional, donde la promoción impera y viaja por toda España para presentar 'Victoria'. Entre los trayectos, ha sacado tiempo para hablar con TodoAlicante sobre esta nueva obra, que trasladará al ámbito gastronómico con las tertulias literarias de Maestral este viernes.
Ha ganado el Premio Planeta con 'Victoria', un título bastante premonitorio. ¿Guarda alguna relación con el galardón?
Nada que ver, ni siquiera con el nombre de la protagonista. El título fue una de las primeras ideas que se me presentaron cuando la historia era todavía una nebulosa en mi cabeza. Quería contar la situación que se produce en el ser humano después de una tragedia tan destructiva como fue la Segunda Guerra Mundial, entender cómo fue la convivencia entre vencedores y vencidos en Berlín, con los civiles alemanes humillados, hambrientos y rotos por dentro tratando de sobrevivir en una ciudad dividida y ocupada por los vencedores. Quería indagar sobre el significado del concepto «victoria».
Cuando empecé a escribir, el personaje de Victoria se me impuso con ese nombre, no pude negarme. Después llegó mi propia victoria en un camino largo y muy trabajado.
Le queda por recibir el Premio Azorín, cuyo fallo y concesión se celebra estos días.
Le deseo todo lo mejor al autor o autora que se haga con este prestigioso galardón.
Berlín regresa de nuevo a sus páginas, esta vez con otra época.
Berlín se convirtió, en esos primeros años de postguerra, en la ciudad más peligrosa del mundo (hubo momentos de mucha tensión en los que a punto estuvo de saltar todo por los aires y provocar un conflicto de consecuencias inimaginables, teniendo en cuenta que ya había bombas atómicas en manos de los EEUU y que Stalin estaba a punto de conseguir la suya, concretamente en septiembre de 1949). También se convierte en la ciudad con más espías por metro cuadrado.
En los años posteriores a la guerra, Berlín era el centro de todas las miradas de los dos enemigos naturales, EEUU y la URSS, que tras haber aplastado el peligro del nazismo pugnan por la hegemonía mundial. Es, en cierto modo, el lugar en el que se fragua la Guerra Fría que duró hasta la caída el muro de Berlín, en noviembre de 1989. Además, Berlín era objeto de deseo de Stalin en su pretensión de quedarse con el control de las zonas ocupadas por los aliados.
Una época apasionante para adentrarse en ella.
¿Qué relación personal mantiene con esta ciudad alemana?
Es una ciudad que a lo largo del siglo XX se ha destruido y reconstruido en todos los sentidos; fue pionera en muchas cosas y centro de todo lo bueno y lo malo que ocurría en Europa; además, durante casi tres décadas, un muro infame rodeó una zona de la ciudad separando, no solo barrios y calles, sino también familias, amigos, vidas, un muro que causó mucho dolor, mucho miedo y muchas vidas, y que privó a dos generaciones de llevar una vida normalizada.
Conocí Berlín cuarenta días antes de que ese muro cayera, pude ver el contraste de los dos lados del muro, me sentí sobrecogida con ello. Desde aquel 9 de noviembre de 1985, cuando por fin se abrieron las puertas de esas verjas, y los alemanes de la RDA pudieron transitar por donde tuvieran por conveniente cuando quisieran, seguí la trayectoria de esta ciudad convirtiéndose en un lugar especial para mí.
¿Y con sus gentes?
La relación principal con sus gentes ha sido principalmente a través de la literatura, pero también es verdad que mi padre tenía una relación especial con Alemania, porque cuando terminó la carrera de Veterinaria se fue un año a Hannover para hacer una especialidad; allí conoció a un alemán, se hicieron amigos e hicieron un trato, él le enseñaba alemán y mi padre español. Los dos llegaron a ser catedráticos de universidad y fueron grandes amigos hasta la muerte. Sus viajes a Alemania los tengo en mi recuerdo de niña.
En distintas ocasiones ha reiterado que no escribe novela histórica, ¿por qué nos empecinamos en clasificar por géneros?
Porque tal vez tendemos a simplificar y eso, a veces, no es bueno, más bien es contraproducente. Hay novelas que tienen un género muy claro, pero la gran mayoría es simplemente literatura, o narrativa, sin más etiquetas.
Lleva más de dos décadas dedicadas a la literatura, ¿le ha pasado desde sus inicios?
Sí. Al principio no decía nada, pero ahora no me callo y lo rechazo porque sé que la etiqueta puede llevar a equívoco a muchos lectores, o les defrauda porque buscan una historia con esa etiqueta, o ni siquiera se acercan creyendo que eso no es para ellos.
Paloma Sánchez-Garnica
Premio Planeta 2024
En esta ocasión habla de la Guerra Fría, ¿cuál es el papel y la responsabilidad del escritor a la hora de indagar en estos hechos históricos?
Creo que es muy importante, y no lo digo solo desde el punto de vista de escritora. Como lectora, leer una novela me puede llevar a comprender la intrahistoria de una época concreta; entender cómo seres humanos normales y corrientes como yo gestionaron sus vidas en un momento o en un lugar determinados, con unas leyes concretas, con unos principios morales o normas sociales distintas a las que tenemos hoy, con unos prejuicios diferentes; todo nos condiciona a la hora de actuar, de relacionarnos, de elegir, de decidir sobre nuestro destino. Las leyes cambian, los principios morales se alteran, se transforman, unas veces para bien otras para mal, los prejuicios se modifican, y, lo queramos o no, todo nos afecta, nos limita o nos supedita a actuar de una forma u otra.
A través de la literatura podemos asimilar de dónde venimos y lo que somos, y de ese modo podremos tener más instrumentos para afrontar mejor el futuro.
Otro hito es el alzamiento del Muro de Berlín, ¿sigue derribado o continúa existiendo, metafóricamente hablando?
Desgraciadamente sigue habiendo muros en muchos lugares, y no solo físicos que dividen territorios o zonas, también existen los muros ideológicos que se tienden a través de la intolerancia, el sectarismo, el rechazo al diferente, de la negación del contrario considerándolo como enemigo por el mero hecho de no pensar de la misma manera que nosotros. No aprendemos..., aunque deberíamos hacerlo, por nuestro bien.
¿Cómo ve el actual panorama político, tras revisar distintas etapas de la Europa (y más allá) del siglo XX?
Complicado..., muy complicado.
¿Cómo aborda a sus personajes, a Victoria y Robert entre otros? ¿Van solos o necesitan de su don?
Van solos. Ellos son dueños de sus vidas y de sus historias, yo tan solo trato de entrelazarlas poco a poco, con mucho esfuerzo, muchas horas y mucho trabajo.
¿Los echa de menos tras el proceso de escritura?
Claro, los hago míos durante mucho tiempo, durante muchos meses permanecen en mi día a día, en mis actividades cotidianas, en las conversaciones con mi marido, en mis pensamientos... Ellos canibalizan mi vida y no me sueltan hasta que mi editora me dice que ya no puedo cambiar nada, solo entonces se callan para siempre, y jamás puedo hablar con ellos, sí de ellos.
¿Qué lecciones aprende de sus novelas?
Yo siempre digo que escribo para aprender. Soy lectora compulsiva y tengo la sensación de que todo lo que leo se me escapa entre los resquicios de mi memoria. Pero escribiendo consigo relacionar, comprender y asimilar muchas cosas. Para mí, lectura y escritura, se complementan a la perfección.
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