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La historia de los continentes viene marcada por sus líderes. Así lo han mostrado a lo largo de nuestras vidas los libros de historia que hemos estudiado en colegios, institutos e, incluso, en las universidades. Sin embargo, las líneas y párrafos que las editoriales revisan año tras año dejan atrás a los verdaderos protagonistas de todos los cambios sociales que se han producido en los estados del planeta: sus gentes y ciudadanos, imprescindibles en cualquier narración.
También en cualquier época, pues un imperio no es nada sin su corte, tampoco sin sus guerreros, como ya contó TodoAlicante en primicia este miércoles. Esta es quizá la mejor forma de adentrarse en la creación de un imperio, de una dinastía, de un país y una cultura que han logrado perdurar hasta la actualidad.
Desde el siglo III a.C, hace más de 2.200 años gracias a la 'inmortalidad' de sus gentes, quienes han permanecido bajo tierra durante todo este tiempo para contar de primera mano cómo fue el esplendor de una China dirigida por una dinastía que tuvo muy claros sus quehaceres. Acabar con los reinados que habitaban en cada una de las partes del país y convertirlo en el gigante asiático que hoy día conocemos.
Este relato podrá sonar a contemporaneidad. Sin embargo, data de una fecha anterior al mismísimo Jesucristo. Y es que en la tierra del lejano Oriente, el pensamiento fue único y bien asentado. Ya lo demostró el Maestro Sun con su 'Arte de la guerra', una auténtica joya literaria que todavía es objeto de consulta de admirables estrategas. En este sentido, años después de su pérdida, el primer emperador de la dinastía Quin mostró la capacidad técnica e intelectual para ganar batallas y conquistar la guerra, pero, sobre todo, de avanzar a pasos agigantados en una China que perdura bajo el reflejo de esta época.
Fue esta máxima autoridad, bajo su mandato imperial -bastante efímero- entre los años 221 y 210 antes de Cristo cuando logró derribar las fronteras entre territorios y alcanzar la unificación de China. Un trabajo ejecutado al milímetro en el que sus soldados fueron parte imprescindible de la victoria. Como resultado de ello, Shi Huang mandó construir una muralla que separase esta tierra asentada de una civilización nómada y salvaje, con el fin de alejar cualquier tipo de violencia o ataque hacia el nuevo régimen de una China que vivía su esplendor.
Este es el origen de la Gran Muralla China, una colosal grieta que se extiende desde la costa este del territorio, bañada por el mar Bohai, hasta las tierras más occidentales, delimitadas por el corredor de Gansu. Este emblema, seña de identidad de toda una nación -digno de admirar por los mortales que durante siglos habitan la Tierra-, transciende por cerca de 6.000 kilómetros de longitud entre valles y montañas, en los cuales se levantan muros de alturas diferenciadas para vigilar todo un territorio.
Lo impresionante no es el resultado. Más bien su construcción para la que se emplearon a más de 300.000 esclavos, prisioneros y delincuentes para colocar una a una las piedras y madera que componen el máximo monumento de todos los tiempos, símbolo de la magnificencia de un imperio único en el mundo. El cual trajo otros avances sociales como la centralización del territorio y la burocratización de la administración.
Resulta impensable vivir en un país que no cuente con una moneda única en todo su territorio. Si salir fuera de la Unión Europea y vivir el cambio de divisa resulta un quebradero de cabeza, es impensable tener que realizar dicho procedimiento para poder adquirir cualquier bien o servicio en una comunidad autónoma colindante al municipio de origen del viajero.
Dentro de su proceso de unificación del territorio chino, el Emperador Qin Shi Huang apostó por crear una unidad monetaria en el país, así como por estandarizar pesos y medidas entre toda la población. Este sistema de pago basado en la fundición del cobre en moldes de este mismo material o en barro dejó una serie de divisas que los expertos han logrado exportar hasta nuestros días.
Una calderilla que, sin ánimo de ser intercambiada por objetos, reposará sobre una serie de vitrinas y expositores creados a medida para acoger la magnífica exposición 'Las Dinastías Qin y Han, China' que ha organizado el área de Cultura de la Diputación de Alicante en el Museo Arqueológico MARQ. Tras casi cuatro años de espera y un arduo trabajo de negociaciones con las instituciones chinas, este departamento de la institución provincial -dirigido por la vicepresidenta Julia Parra- ha logrado traer a España una exposición compuesta por 120 piezas, en su mayoría originales, de las cuales varias de ellas saldrán por primera vez de su lugar de origen para visitar este museo de Alicante.
Este centenar de objetos de gran valor histórico y artístico mostrarán cómo era la vida de hace 2.200 años en el lejano Oriente. Una época de la que se puede conocer su esencia gracias a la escritura plasmada en sus papiros. Otro de los logros que acometió Qin Shi Huang: unificar los diferentes sistemas de escritura en uno único. Pincel y tinta para marcar las letras y símbolos comunicativos que, desde aquel entonces, emplea la civilización china.
Avances que cumplen con el máximo deseo del primer Emperador de la dinastía Qin: ser inmortal. A pesar de 'lo efímero' del ser humano, su legado ha conseguido este reto, perdurar hasta nuestros días. Tanto por su calibre, como por la fuerza de sus materiales: jade, cobre, cerámica o madera. Estas piezas formadas a partir de minerales y elementos de la tierra se podrán observar en las tres salas temporales del MARQ, las cuales conforman un camino por el origen de esta civilización a través de medio centenar de bloques temáticos.
La 'Diversidad', la 'Guerras' y la 'Unificación' se podrán recorrer en los primeros pasos que den los visitantes por los más de 1.263 metros cuadrados que ocupará esta magnífica colección organizada por el MARQ y única en el mundo. Por estas escenas se podrán conocer cómo eran los utensilios de cocina que utilizaban los chinos, como calderos de bronce, además de sus divisas -también elaboradas con este material- e, incluso, los animales que vivían en la zona. Perros, ganado y caballos fielmente tallados en terracota.
Quizá el mayor de los miedos del Emperador Qin Shi Huang fue la muerte. Esa misma a la que condenó a pensadores y sabios que no convergían con sus propias ideas -por lo que envió quemar libros y lecturas- o no aseguraron la vida eterna que tanto ansió. Por ello, desde los inicios de su mandato, mandó alzar un mausoleo en el monte Li, lugar en el que descansaría por los siglos de los siglos.
Bajo una colina artificial -levantada por sus trabajadores- se encuentra una de las tumbas más grandes del mundo. A 30 kilómetros de la ciudad de Xi'an, en la provincia china de Shaanxi, sus restos reposan en un entorno que cuenta con una extensión aproximada de casi 100 kilómetros cuadrados. Una ciudad fúnebre creada a imagen y semejanza del Emperador, reflejo de su grandeza. Con este templo se debía apreciar su magnificencia también en el más allá. Por ello, junto a él fueron enterrados los operarios caídos, parte de su corte, sus sirvientes, concubinas y soldados. Sus cuerpos descansarían allí eternamente para continuar sirviendo a Shi Huang en la otra vida.
Estos trabajos duraron más de 40 años y todo los restos de esta civilización han permanecido ocultos bajo sus tabiques durante siglos, hasta que unas obras de reparación de un conducto de agua toparon con el gran tesoro que albergaba esta tierra. De este modo, desde 1974 -año del descubrimiento- investigadores, arqueólogos y expertos continúan con las labores de excavación para continuar conociendo nuevos aspectos y misterios de la época imperial.
Por el momento, parte de todo este legado internado en el subsuelo viajará a Alicante para mostrar a los casi dos millones de alicantinos residentes en la provincia y también a todos los turistas y extranjeros que acudan en masa a la ciudad para contemplar tal descubrimiento. De este modo, el MARQ se convertirá en una extensión del Mausoleo de Qin Shi Huang, a más de 9.000 kilómetros de su origen, donde el propio Emperador estará presente a través de dos réplicas que coronarán dos de las nueve salas que componen esta exposición.
Bajo un techo formado por vigas de pino y cerca de 636 farolillos negros, alumbrados con una tenue luz roja -símbolo de suerte en la cultura china-, se mostrarán al público estas figuras que irán rodeadas por cerca de un centenar de piezas recuperadas en los procesos de excavación. Desde pesas, medidores de cantidades de alimentos, vasijas, hervidores de bronce, tejas, baldosas, tiradores de puertas, campanas, sellos oficiales hasta el bien más preciado del Emperador: su ejército de terracota.
Sin olvidar el propio lujo que envolvía la figura de Qin Shi Huang como colgantes en forma de pez o dragón, decoración de sus paredes con grabados animales, incensarios de cerámica, vajillas con inscripciones para -probablemente- servir el vino y joyas, así como adornos, para los animales y carruajes, entre muchos más objetos relacionados con la música, la gastronomía o la construcción.
Las batallas no se ganan solas. Es necesario contar con un séquito de seguidores que apoyen la visión. Algo con lo que contó Qin Shi Huang, un despliegue de soldados con los que lograr la unificación del territorio chino. Más de 5.000 efectivos que libraron todas y cada una de las batallas para defender los intereses de su imperio. Una labor que ejecutaron en la vida terrenal y en el más allá. Tras la muerte del Emperador, los guerreros se inhumaron junto al cuerpo sin vida de su máxima autoridad para custodiar su figura.
Todos estos soldados, fielmente recreados en terracota -sus vestiduras, detalles, rasgos o armas- se repartieron por los más de 100 kilómetros que ocupa la construcción. Cuatro fosas excavadas, convertidos en largos senderos, es el lugar donde reposaron estos soldados quienes no bajaron la guardia ni un solo minuto. Allí, entre muros de piedra aguardaron sus posiciones similares a la del combate real.
Preparados para la batalla, en las trincheras, el Emperador aprecia las primeras filas formadas por la artillería ligera, seguidas por soldados portantes de coraza y lanzas hierro y la caballería. En el frente permanecen los guerreros con ballestas, acompañados en los laterales por los arqueros. Todos ellos, seguidos de los carros de caballos y lanzas de bronce.
Los materiales para la batalla acompañan a los soldados, entre armaduras y uniformes, además de elementos distintivos y emblemas, junto a las armas de combate, como armas, espadas y escudos. Una riqueza patrimonial que se contemplará en la última de las salas del museo alicantino dedicada a los Guerreros de Xi'an. Serán en nueve en total los originales que acudan a este espacio.
En pie, en posición de lucha o arrodillados con unas dimensiones que no dejarán indiferentes a los visitantes, pues uno de ellos mide 195 centímetros de alto, otro de estos pesa 59 kilos y aquellos con los brazos extendidos pueden alcanzar, en estas extremidades, los 77 centímetros. Asimismo, los caballos también estarán presentes en la exposición. Uno de estos ejemplares llegará a tener unas medidas de 123 centímetros de longitud, así como 177 centímetros de alto y 55 de ancho. Sin olvidar, eso sí al centenar de guerreros que permanecerán expuestos a la intemperie en las escalinatas de acceso al museo para dar una impactante bienvenida a todo aquel que quiera introducirse en este nuevo mausoleo.
Asimismo, bajo el gran palacio fúnebre de Xi'an existen, según desveló Sima Qian -quien tuvo la fortuna de acceder a su interior y plasmar todo aquello que aderezaba sus inmediaciones-, unos ríos excavados en la tierra que portaban mercurio y plata, además de existir altas torres y establos para el ganado. Todo ello con una amplia serie de estancias repletas de estos tesoros que se podrán conocer de primera mano del 22 de marzo de 2023 al 22 de enero de 2024 en el MARQ de Alicante.
Todavía está por descubrir si los Guerreros de Xi'an llegarán por tierra, mar o aire. Sin embargo, el camino se ha hecho de esperar. Estaba previsto que su visita tuviera lugar en 2020, momento en el que ciertos conflictos entre algunos países con China obligó a aplazar el traslado de esta exposición. Una situación a la que se añadió la crisis sanitaria provocada por la covid, la cual desencadenó en el confinamiento de la población y una restricción de la movilidad internacional, por lo que retraso la llegada de estos guerreros de terracota una segunda vez.
Sin embargo, los esfuerzos de la Diputación de Alicante por acoger en el MARQ esta magnífica exposición han sido innumerables. Hasta tal punto que las negociaciones con las instituciones chinas no han cesado hasta lograr una fecha en la que arrancar con esta muestra. Hace unos meses la diputada de Cultura, Julia Parra, avanzó que los diálogos entre España y China estaban en activo, en busca de la mejor opción para lucir las 120 piezas que compondrán la exposición. Fue este martes cuando TodoAlicante dio a conocer, en exclusiva, los detalles del acontecimiento cultural del siglo en Alicante.
Tras recibir a los 'Etruscos' y a los 'Gladiadores', los Guerreros de Xi'an llegan a Alicante gracias a las gestiones de la institución provincial y el MARQ con el Centro para la Promoción Cultural de Shaanxi y otras instituciones chinas. La iniciativa dio fruto, ya materializado en 'El Legado de las Dinastías Quin y Han, China', que finalmente se expondrá también con motivo del 50 aniversario en 2023 de la firma del Tratado de Establecimiento de relaciones diplomáticas entre el Reino de España y la República Popular China el 9 de marzo de 1973.
Esta muestra reunirá piezas procedentes de nueve museos y departamentos del gigante asiático. Para ello, ha sido importante la colaboración con la Administración Estatal de Patrimonio Cultural de China, la Oficina de Bienes Culturales de Shaanxi y el Centro para la Promoción del Patrimonio Cultural de Shaanxi, que logrará depositar durante diez meses en Alicante una colección de 120 piezas venidas de Emperor Qin Shihuang's Mausoleum Site Museum, Shaanxi History Museum, Xi'an Tan HanGuang Gate Museum, Baoji Bronze Museum, Qui shan County Museum, Shaanxi Academy of Archaeology, Han YangLing Mausoleum, Xi'an Beilin Museum y Long County Museum. Todos ellos de la República Popular China.
Asimismo, la muestra no hubiera sido posible sin el destacable apoyo al proyecto de las Embajadas de ambos países y del Ministerio de Cultura del Gobierno de España, el de la Conselleria de Cultura de la Generalitat y el de la Diputación Provincial de Alicante. Todas estas instituciones han posibilitado que se convierta en realidad el «proyecto de intercambio cultural bilateral Hispano-Chino más importante de los últimos años». Pues su última visita a Europa fue en 2018 con una muestra en el Museo del Mundo de Liverpool con una duración de ocho meses.
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