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María Pusmi vive feliz tras una dura vida repleta de abusos sexuales, bullying y relaciones tóxicas María Pusmi
«Cuando tenía cuatro años mi tío me hacía creer que era su novia para abusar de mí»

«Cuando tenía cuatro años mi tío me hacía creer que era su novia para abusar de mí»

La alicantina de adopción María Pusmi ha logrado encontrar la felicidad y el amor tras una vida repleta de abusos sexuales, bullying y relaciones tóxicas | En su libro 'Ama, libera y confía' comparte la fórmula que le ha hecho recuperar la ilusión por vivir

Lunes, 10 de abril 2023, 02:05

«El perdón empieza por y para uno, aunque sea para otra persona». María Pusmi es una mujer feliz que se ha repuesto de una vida marcada por abusos sexuales, bullying y relaciones tóxicas. Un triángulo dramático que destrozó a una adolescente que se sintió sola, avergonzada y humillada, y que tuvo que luchar contra su peor enemigo: ella misma, quien le llegó a hacer creer que estaría mejor «muerta».

María tuvo una infancia que nadie se imaginaba, conoció demasiado pronto que a veces el monstruo es más humano que el propio hombre. A sus 33 años, presume de vida. Ha logrado dejar atrás las relaciones tóxicas y de dependencia emocional, a la vez que ha sanado toda la basura que llevaba dentro; y lo más importante, se ha reencontrado con el amor. María tiene claro que el rencor no lleva a nada, que «es un veneno que nos bebemos nosotros mismos esperando a que el otro se muera».

A pesar de todo el horror que ha vivido reconoce que gracias a eso es la persona de la que hoy se enorgulloce ser. Todas sus experiencias las ha decidido compartir en su libro 'Ama, libera y confía', donde comparte sus experiencias para ayudar a otras personas a que aprendan a extraer lo positivo de un trauma, a ver la otra cara que tiene el abuso y analizar qué hay detrás del dolor.

A día de hoy la joven escritora también ejerce como educadora emocional. A través de la 'Amorterapia' ayuda a mujeres a lograr lo mismo que ella, a reconocerse a sí mismas, a que se sientan seguras y a que puedan brillar en su vida y sus relaciones.

Un monstruo en la familia

Cuando María tenía tan solo 4 años comenzó a conocer la maldad del hombre, y no estaba lejos, se escondía en el cuerpo de alguien que tiene su misma sangre. Cuando todo el mundo se marchaba de casa, ella se quedaba en la vivienda de su abuela, donde vivía su tío materno, un hombre soltero de 38 años de edad que le hacía creer que era su novia para abusar de ella de diversas formas. «Con esa edad no distingues la maldad».

No fue hasta los 7 años cuando se empezó a sentir incómoda, a sospechar que algo no iba bien. María cuenta que no recuerda si fue una noticia o una película, pero en la tele hablaron de abusos sexuales. Al escuchar el relato, la realidad le golpeó. «Sentí lo mismo que estaba sufriendo yo».

Ante esto, la educadora emocional narra que se las ingenió para pararle los pies a su tío materno. Seguía siendo una niña, por lo que el cerebero y los pensamientos iban acorde con su edad. Creyó que la mejor forma de desprenderse del monstruo que la acosaba era casarse con otro chico. Y con quién mejor, que con el niño que le gustaba, que iba a la misma clase. Lo fue a buscar y celebró una boda en el recreo.

«La boda en el colegio fue uno de los mejores días de mi vida»

María Pusmi

María asegura que fue uno de los días más felices de su vida. «Sentí que me desprendía de mi tío». A partir de ahí, pudo rechazarlo. Pero el monstruo era insaciable, le perseguía cuando tenían reuniones familiares. «Ellos pensaban que estábamos jugando al pilla pilla», expone la joven.

Uno de los días que María escapaba de su tío, se encerró en la habitación. El monstruo comenzó a aporrear la puerta. «Sentí que no tenía escapatoria, por lo que decidí contarle que me había casado con un novio nuevo y que ya no quería ser su novia», describe la joven. La niña amenazó con contárselo todo a sus padres si no le dejaba en paz. El adulto, aprovechándose de su superioridad, le contestó «ni se te ocurra contarlo, nadie te va a creer».

Sus temores se cumplieron. Se lo contó a su mejor amiga del colegio y no le creyó. En ese momento pensó que si ella no apoyaba su relato cómo lo iban a hacer sus padres, «me hubiesen tomado por loca». No fue hasta los 18 años cuando abrió su alma, catorce años después del inicio de los abusos sexuales. María admite que todo lo vivido le hizo transformarse en una «mentirosa compulsiva».

Su tío no pagó todas las atrocidades que cometió. «Se fue de rositas», asegura María. Además, recuerda que cuando por fin decidió dar el paso y contar todo los abusos a los que este monstruo le sometió durante años, la familia de su madre no le creyó. Apoyaron la «inocencia» del agresor, aún cometiendo un desliz que destapó el horror.

'Ama, libera y confía'

María llevaba mucho tiempo queriendo transmitir sus vivencias en un libro, pero los bloqueos se lo impedían. «No me hacía sentir merecedora ni suficientemente buena para redactarlo», por lo que fue posponiéndolo. Hasta que una mujer apareció en su vida para darle ese empujón y esa fuerza necesaria para retomar su ilusión.

En una de las formaciones que frecuenta, en la que se reúnen varias mujeres emprendedoras, conoció a Florencia Caicedo, una mentora de vida que a sus 80 años acababa de publicar su primer libro. María destaca como la luz que desprendía esta escritoria colombiana la deslumbró y decidió ponerse en contacto con ella. «Fue Florencia la que me hizo ver que podía publicar el libro».

Con 'Ama, libera y confía' quiere ayudar a diferentes generaciones a que aprendan a extraer lo positivo de un trauma, a ver la otra cara que tiene el abuso y analizar qué hay detrás del dolor. «Quiero exponer este tema de una forma sana, no como estamos acostumbrados a ver, sin criminalizar al verdugo», argumenta la autora.

El libro relata vivencias y detalles de su vida que no había contado ni a sus padres, que tuvieron que enfrentarse a duros relatos a través del papel y la tinta. María asegura que el proceso de redacción ha sido muy bonito y doloroso a la vez, ya que está escrito en forma presente y narra cómo se sentía esa niña de 4 años, por lo que ha tenido que volver a recordar episodios espeluznantes.

Una vez el padre de la víctima fue conocedor de los terribles hechos que habían aterrorizado a su hija durante años llamó a su cuñado para pedirle explicaciones. El monstruo le contestó que no le había hecho nada a María, cuando en ningún momento dijo a qué hija se refería -tiene dos-. Tras el descuido, denunciaron al agresor. Todo se decidiría en un un juicio que al final no se celebró. «Solo por no verle y no seguir contando todo lo que sufrí, paré», sentencia María.

La joven lamenta que la única prueba de la que disponía era un informe psicológico en el que se exponía que sufría un trastorno importante a nivel de personalidad y de sueño. Además, relata que cuando era pequeña gritaba por las noches y tenía pesadillas. «En los sueños venía una bruja que me perseguía y me torturaba. Tuve que estar luchando contra mí misma durante mucho tiempo».

A pesar de todo el daño que le hizo su tío materno, María siente compasión por su verdugo, al que le achaca una falta de amor terrible. «Para hacer eso tienes que estar enfermo». Asimismo, admite que hubo una época en la que no podía ni verlo. «Le tenía asco por todo el daño que me había hecho, pero gracias a él, me he convertido en la persona que soy a día de hoy. Por eso le perdono y le mando amor y luz», manifiesta.

Bullying y relaciones tóxicas

Esta niña insegura, callada y sumisa, era carne de cañón para los niños en el colegio. Toda sus vivencias la llevaron a un aislamiento que aprovecharon para ponerla en el punto de mira de todas sus burlas y maltratos. Esto ocasionó que María ocultara la verdad para no aceptarla, asumiendo un rol de víctima, silencio y sumisión durante muchos años de su vida. Con el libro se ha podido «desidentificar» de esa adolescente destrozada que se sentía sola, avergonzada y humillada.

La joven relata su primer noviazgo, ya en la adolescencia. A los 13 años conoció a un chico de 16, que era maltratador y alimentaba todo ese victimismo que ella creía que era bueno. «Sentía que era mi protector», se sincera. «Era muy cariñoso hasta que le entraba el venazo y me maltrataba psicológicamente». La madre del joven también sufría la ira de este «enfermo mental», como lo describe María.

También admite que llegó a creerse su propia mentira. Le contó a su novio que había perdido la virginidad con él. No era verdad, a María la había violado unos años antes un hombre que fue a ayudarles con una mudanza de la casa. En ese momento no sabía lo que buscaba, lo vio como una figura que replicaba la de su tío y él se aprovechó de una adolescente herida e indefensa.

María relata el perfil de las parejas que ha tenido a lo largo de su vida. La mayoría repetían el mismo patrón: chicos que le doblaban prácticamente la edad y relaciones tóxicas, de dependencia emocional, en las que estaba 'secuestrada' por personas a las que creía querer.

María nació en Madrid, vivió su adolescencia en Alicante -donde reside su familia- y el amor le ha llevado a Málaga, donde es completamente feliz. La joven cuenta a TodoAlicante que ha encontrado un relación sana, que es lo que siempre había añorado. Que no tiene rencor a su tío ni a niguna de las personas que ha intentado destrozar una vida que ahora irradia alegría, amor y bondad. Por último, ensalza el sentimiento del amor, ya que considera que «es lo único que puede sanar al mundo».

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